Me aterra el viento en la noche,
la sombra que proyecta mi patria,
el silencio previo a la tormenta.
Me está dando miedo ver a nadie en mi futuro,
me está dando pavor ver que
tendré tantos recuerdos,
tantos nombres de reos que se fugaron de mí.
Me atemoriza no alcanzar la sencillez.
Me inquieta ser uno más.
Me remueve vivir a veinte personas por minuto.
Me envenena no dar nunca la espalda alguien cuando duermo.
Me estremece ser tibio o ser casto.
Me altera la naturalidad. Me preocupa.
Me decepciona ser yo el que corre
...en vez de mis zapatos.
sábado, 26 de abril de 2014
jueves, 24 de abril de 2014
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No me hago responsable de las locuras que podáis encontrar en las redes sociales. Avisados quedáis ;)
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martes, 25 de marzo de 2014
La Puerta del Obispo (Mi pequeña niña gris)
(Tiempo. Deseo. Escarcha.
Sueños. Amor. Cielo.
Sábanas. Cama. Café)
Quitando estas palabras
me propongo,
al abrigo de no saber hacerlo,
escribir sobre cráneos fríos,
sobre el hielo de mi herencia,
y sobre éste cementerio en calma
que es capilla, convento y catedral
de mi historia.
Con las rodillas rotas
de rezarle a cualquiera,
con la espalda desviada
de mirar demasiado arriba
o
demasiado a abajo
yo
contemplo las cruces apostadas
en esta ciudad
y todas las imágenes colgantes.
Y
todo ese muro vidriogargóleo
que se extiende
envolviendo
a mi pequeña niña gris,
que ha perdido su bufanda,
sus guantes y su chamarra
me sorprende de golpe.
De pronto no soy yo
quien les mira.
Son ellos, cienojos, los que miran.
¡Miles! Me persiguen.
¡Me están persiguiendo!
Y corro por calles,
salto arbustos,
giro a la izquierda,
giro una calle más allá
por la dichosa Casañé,
¿o esto es Barrio y Mier?
El caso es que corro.
SueloBaldosaTropiezo.
SeñoraPerroladrando.
HieloCuidado.
Están en todas partes.
Las rocas, los santos...
Todas esas estatuas
que me miran, me señalan mientras
paso.
¡Me están señalando!
Y oigo el craquido de cristos
crujiendo en sus cruces,
desperezándose para mirarme.
Tropiezo.
Todo un mundo
de piedras se
abalanza sobre mi cara,
avalancha sobre mi espalda,
alabanzas sobre mi marcha,
alabardas sobre mis alas,
va la lanza sobre mi carga.
“No te vas de aquí”
grita La Bella, mi catedral,
y me arrastra mientras me aferro.
El suelo contra mi uñas,
dedos rotos y
manos huecas,
vacías de sangre,
dejan un rastro hasta
la Puerta del Obispo.
La Puerta del Olvido.
Me sobrecogió mi pequeña Palencia
cuando intentaba arroparla.
viernes, 21 de marzo de 2014
No te calles (tanto) nunca.
Márcame con una cruz en tu lista.
O marca mi drama.
O marca mi número y llama.
Pero por Dios, no me conviertas
en uno más de los que te aman.
No te olvides de mí si despiertas,
no te olvides de mi voz,
no te apartes mi pelo de la cara.
Pero es que no te puedo escribir versos
si no se si tus ojos escarcha,
o si ya son ríos llenos
de piedras, de balsas.
No conozco canciones
para calmar la nada.
Rasga el silencio antes
de que yo rasgue mi espalda.
O marca mi drama.
O marca mi número y llama.
Pero por Dios, no me conviertas
en uno más de los que te aman.
No te olvides de mí si despiertas,
no te olvides de mi voz,
no te apartes mi pelo de la cara.
¡Grítame!
Aunque digas que mi yo te cansa.
si no se si tus ojos escarcha,
o si ya son ríos llenos
de piedras, de balsas.
No conozco canciones
para calmar la nada.
Rasga el silencio antes
de que yo rasgue mi espalda.
¡Cállame!
Pero dime al menos qué coño te pasa.
miércoles, 12 de marzo de 2014
Y no quererte como quieren los niños.
Si me tomasen juramento,
diría que el amor
en otro momento
y también el odio
era para
mí como una vela.
Significaba
o ser el
fuego que envuelve,
o ser la
mecha que se agacha.
Significaba
consumir o desaparecer,
ser la
cera o el abrazo.
Si me tomasen juramento,
diría que
con Ben Howard de fondo...
Te quiero.
Pero te quiero diferente.
No como quieren los niños:
bajando lunas,
nombrando estrellas,
mirando cielos...
no.
No te quiero sólo cuando llega la
noche,
y llego a casa, y veo que no estás.
ni cuando hace sol y huele a verano,
y pienso que podriamos aprovechar mejor
el tiempo.
Tampoco te quiero
como quiere un adolescente.
No con el pecho rasgado,
ni la espalda al desnudo.
No te quiero siendo gato, ni perro, ni
lobo...
Ni libre, ni fiel, ni salvaje.
Si me tomasen juramento,
diría que te quiero como...
...la aguja pequeña quiere a la
grande.
Primero lento,
en la distancia.
Despues amenazante.
Y entonces
vienesytevas.
Y otra vez a esperarte.
Si me tomasen juramento,
durante seis con diecinueve minutos,
te quiero.
Pero entonces la canción acaba
y hay silencio.
Y ese amor que lo abarcaba todo
se va flotando.
Y no me importa que me deje
y que acompañe al vapor de café
que puebla mi habitación
donde ayer estabas tú.
Si me tomasen juramento,
diria que el amor es más bien
soportar tus enfados y menos
"oh romeo, romeo,
eres tú mi romeo"
Diría que es más bien
acordarme de tus pastillas por la
mañana y menos
"clavar en mi pupila
tu pupila azul"
Que no te importe mi pelo al despertar,
cambiar mi ruta por las calles
para encontrar wifi y ver si estás.
Y llegar tarde...
Supongo que es más bien
estar atento a si tienes sueño,
o a si te despiertas.
Supongo que es menos
lo que nos enseñan y más
lo que nos demuestran.
Y aún así,
aunque no sea un amor Disney,
mal aprendido,
aunque el amor se escape a veces
pululando,
no es que sea triste
o que yo esté acabado.
No hay dolor, no hay drama,
sólo el olor a verano.
Y si se acaba la canción
sólo doy de nuevo al play,
y apareces a mi lado.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Escribir...En la cara.
Siento que se agota el tiempo
y el camino hasta el verano
se hace largo y es extraño
Que todo el tiempo que he perdido
mirando un folio en blanco,
es camino desandado.
Algún día escribiré una canción
con la arena del zapato,
con bolsillos llenos de versos,
con tu llamada llorando.
con los problemas resueltos,
con un amor contado...
...desde el punto de vista
de un verso. Sin rima. Sin llanto.
Algún día escribirán mis manos
la rabia de un incendio,
que dejas siempre al decir:
"como un hermano",
o describirán tus labios
en otros labios,
o descubrirán tus dedos
en otros lados.
Escribiré estribillos
como los que escriben
los soldados del Galileo.
Como un Suárez desesperado
Como un Boza simplificado.
Escribiré cuando llegue el verano,
cuando pasen tus estaciones,
cuando reciba el aplauso...
...en la cara.
y el camino hasta el verano
se hace largo y es extraño
Que todo el tiempo que he perdido
mirando un folio en blanco,
es camino desandado.
Algún día escribiré una canción
con la arena del zapato,
con bolsillos llenos de versos,
con tu llamada llorando.
con los problemas resueltos,
con un amor contado...
...desde el punto de vista
de un verso. Sin rima. Sin llanto.
Algún día escribirán mis manos
la rabia de un incendio,
que dejas siempre al decir:
"como un hermano",
o describirán tus labios
en otros labios,
o descubrirán tus dedos
en otros lados.
Escribiré estribillos
como los que escriben
los soldados del Galileo.
Como un Suárez desesperado
Como un Boza simplificado.
Escribiré cuando llegue el verano,
cuando pasen tus estaciones,
cuando reciba el aplauso...
...en la cara.
viernes, 7 de febrero de 2014
Parque de Condenados
Del fondo de la demolición de sus valores nacen ventanas, negras como el asfalto de la carretera que le lleva al parque. Lluvia, el frío del mes que le vio nacer, cuchillas de aire, témpanos en la nariz, y las manos... las grandes perdedoras de esta batalla. Camina encorvado, es el pico de un cuervo cuando avanza envuelto en plumaje negro. ¿quién es más carroñero a estas horas de noche, la sombra que le pagará o la sombra que coge el dinero?
En el parque ángeles lloran hielo cuando llega. Cambia su cara, saca un pañuelo, guarda el resto, los va a necesitar. ¿Qué es ese ruido? ¿Por qué no le asusta? Se oyen dientes chistando, lenguas secas, bocas llenas. Él avanza hacia el arbusto, cada día es más rápido. Cada día le calan y le conocen antes.
Es el parque de los demonios, de quienes después beberán tras un "lo más fuerte que tenga por favor", los "sin traje". Aqui las manos se aferran a la piel de quienes sostienen verde, se arriman, se agachan, se hielan, y se van de allí siendo un poco más demonios...un poco menos ángeles.
Es el parque de los condenados, de los que confunden la entraña del pecho con las cremalleras, con los vaqueros...con las rodillas...con el dinero.
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